Llevándome la vida en intentar retener un sueño y tornarlo material, vengo en invierno, este invierno, atestado de niebla, de humedad, de noches; y tan escaso de sentimientos…
Decidida a sortear el último cigarrillo de la caja y desempolvar el estuche de emociones, que sin vacilar, han andado atadas de pies y manos, también. Justo, hoy, que la tarde empieza a perder su sentido, y las palmas de mis manos se hayan vacías, con filigranas agudos; me he encontrado perdida en medio de la nada, la nada rodeando mis contornos, atestando mis pulmones, aquella nada que tanto temí, y hoy me hace sigilosa compañía. Recluida en un día que nunca se convierte noche y se arrincona en la habitación más oscura, a la espera de una luna, a la espera de una canción y los cuentos de calor y arpegios del mar, que calman, y no despiertan violentamente a las tantas de la madrugada en aras de una imagen difusa, pero clara en la mente, y no se vuelve más nítida, pero igual clara, como si a fuerza pretendiera gritar lo que hoy ya no puedo entender, siendo mi confusión aún más evidente, con un haz de palabras bajo la manga que no consigo reproducir, rogando me puedas enterrar como si nunca hubiera existido, como parte del error que no pudiste resolver. Porque fue ayer, cuando allí, donde nadie puede irrumpir, en mis sueños, aquellos días que rondaban, libremente, fueron velados, sin mucho aspaviento, con música, con pocas lagrimas, de noche, como yo quisiera serlo algún día y aún, dudas, que a pesar de ello, yo permanezco a tu lado, contemplando las noches frente al espejo, refugiada en su tiempo que no transcurre, que no divide, que no cambia...Quizá, si buscas en el cajón de la derecha, aún encuentres un remedo de una matutina sonrisa, quizá también, una razón más para velarme. Y yo aún hoy, a la antítesis de un día que espera convertirse en noche, al fin pueda, dejar escapar mis sueños, y colmarme de sentimientos, de las cortinas y del vino blanco, de los días frente a una playa, de la canción que no acaba, de unas lagrimas, hoy, necesarias…quizá, aún pueda reflejarme en tu mirada; tal vez aún logre reconocerla…
Psta. No quepa duda que si suena la flauta estando ésta en su estuche y sin que nadie la toque cerca…creeré en los milagros y haré una fiesta especial a mis neuronas.
Decidida a sortear el último cigarrillo de la caja y desempolvar el estuche de emociones, que sin vacilar, han andado atadas de pies y manos, también. Justo, hoy, que la tarde empieza a perder su sentido, y las palmas de mis manos se hayan vacías, con filigranas agudos; me he encontrado perdida en medio de la nada, la nada rodeando mis contornos, atestando mis pulmones, aquella nada que tanto temí, y hoy me hace sigilosa compañía. Recluida en un día que nunca se convierte noche y se arrincona en la habitación más oscura, a la espera de una luna, a la espera de una canción y los cuentos de calor y arpegios del mar, que calman, y no despiertan violentamente a las tantas de la madrugada en aras de una imagen difusa, pero clara en la mente, y no se vuelve más nítida, pero igual clara, como si a fuerza pretendiera gritar lo que hoy ya no puedo entender, siendo mi confusión aún más evidente, con un haz de palabras bajo la manga que no consigo reproducir, rogando me puedas enterrar como si nunca hubiera existido, como parte del error que no pudiste resolver. Porque fue ayer, cuando allí, donde nadie puede irrumpir, en mis sueños, aquellos días que rondaban, libremente, fueron velados, sin mucho aspaviento, con música, con pocas lagrimas, de noche, como yo quisiera serlo algún día y aún, dudas, que a pesar de ello, yo permanezco a tu lado, contemplando las noches frente al espejo, refugiada en su tiempo que no transcurre, que no divide, que no cambia...Quizá, si buscas en el cajón de la derecha, aún encuentres un remedo de una matutina sonrisa, quizá también, una razón más para velarme. Y yo aún hoy, a la antítesis de un día que espera convertirse en noche, al fin pueda, dejar escapar mis sueños, y colmarme de sentimientos, de las cortinas y del vino blanco, de los días frente a una playa, de la canción que no acaba, de unas lagrimas, hoy, necesarias…quizá, aún pueda reflejarme en tu mirada; tal vez aún logre reconocerla…
Psta. No quepa duda que si suena la flauta estando ésta en su estuche y sin que nadie la toque cerca…creeré en los milagros y haré una fiesta especial a mis neuronas.


