No he podido dejar de agradecer los momentos maravillosos que he pasado este último fin de semana, merecedores de ser plasmados, cada uno de ellos…Más allá de los avatares del destino, y de los lucros con fines, o fines sin lucro que uno quiera alcanzar… El viernes he tenido una cena inolvidable, en la que no he parado de reír y brindar por brindar. Espantando la preocupación y la crisis que nos asedia; para variar, ulteriormente, y a causa de las circunstancias, los que me conocen y algunos, que de cuando en cuando me leen, saben lo intensa que puedo ser en medio de una situación (cena o reunión), son éstas, las que me han rondado los últimos meses, sin tener tiempo para brindar por brindar y reír con convenio previo.
Así son, como estas mini vacaciones, de estas que suelo hacer cuando mi mente y cuerpo lo exigen a aullidos, nos ha salido a pedir de boca. Han sido días felices, donde ha aparecido la posibilidad de un lejano olvido, de un sonido de lluvia al caer, de tiempos lejanos y tiempos zozobrados, de sonrisas gatunas a medianas madrugadas, de imprudencias adolescentes al abordar los treinta…Aún así, no he dejado de sonreír por la noche y la milagrosa oportunidad, por una sonrisa inesperada, y unas hormigas que no rondaban tras muchos fríos inviernos. Priscilla, mi compañera innumerable, me ha secundado en cada aventura tras la noche que se rendía descarada. Brindado con tinto y blanco, así de diferente nos hemos embarcado en un viaje que creíamos para las dos, con la maravilla de una noche y el amanecer bajo una montaña…

Con sus anhelos algo distorsionados de la actualidad y unas pisadas que me transportan al lejano olvido, ¿Acaso un perfume que me hizo divagar? Y la madrugada que espera convertirse en una mañana, tan apacible, tan fatigada de ver y de soñar, tomando la pose de enferma de hospital…Y aún con ello, ¿Habría valido la pena, tras los años y los ocasos y domingos descafeinados, tomar las palabras de un lejano olvido y materializar los deseos nocturnos? De ti y de mi, encontrar las huellas de antaño, buscar de rodillas las pisadas que las madrugadas apacibles borran cínica y alegremente, como quien no quiere, como quien no entiende. Enferma y haciendo a la espera de mejores momentos, para su narrar, para su beneplácito matinal…Ahora, que soy tan extrañamente feliz, no creo que cantes para mí, ni yo para ti, ¿Y acaso me atrevería a perturbar la paz del universo? ¿A violar leyes universales? De puro capricho del destino y de la estación del bus, que nunca parten a las 3 de la tarde..Acaso, es mejor silenciar y decir a destiempo, tras una década de olvido, tras ocasos sin ti, y sin ti y sin ti…Es realmente imposible decir lo que exactamente quiero decir…
Ha sido tan revelador, esperarte sin esperar, y de pronto contemplar lo triste que puede ser un ocaso sin ti, saborear la mixtura de sensaciones que hoy me recorren cuesta abajo, sin siquiera prevenir el tumulto de momentos que se convertiran en recuerdos de lunes, martes y miercoles...

Y como para terminar de convencerme, como para embarcarme nuevamente a una crónica de muerte anunciada, he devuelto la sonrisa inesperada y eso de a las tantas de la madrugada, cuando me he rendido al encanto de una nueva e inquieta mirada y habré vivido nuevamente para descubrir que los días van pasando y cambiando de color...

Ni a Priscilla ni a mí nos gustan las fotos. Menos aún, cuando no estamos preparadas para una…
A la princesa egipcia de hojarasca y palmas...A mi pieza restante, porqué tras lunas mojadas, ya te conocí.
...De vez en cuando camino al revés, es mi modo de recordar.